El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Sea lo que sea, y dÃgase lo que se quiera de su rango, se trata del que ahora le está hablando, por lo tanto no debe tomársele como un enemigo.
El explorador le miró atónito, se descubrió respetuosamente y le contestó en un tono más comedido que el de antes, aunque sin despojarse de sus dudas:
—He oÃdo que un grupo tenÃa previsto abandonar el campamento esta mañana, dirigiéndose hacia la orilla del lago.
—En efecto, pero habÃamos preferido una ruta más corta, confiando en el indio que antes mencioné.
—Que les ha engañado para desertar después.
—Nada de eso, en mi opinión; desde luego, no nos ha dejado, ya que viene justo detrás.