El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Has perdido el camino, y yo tampoco he sido afortunado como guÃa. Pero, por suerte, hemos topado con un cazador, ese a quien oyes conversar con el cantante, que conoce bien los caminos de ciervo y demás entresijos del bosque, y que ha prometido llevarnos hasta un lugar seguro en el que podemos descansar hasta mañana.
El indio clavó su mirada destellante en el rostro de Heyward y le preguntó, hablando un inglés defectuoso:
—¿Está solo?
—¿Solo? —respondió Heyward con sorpresa, poco acostumbrado a que le decepcionen—. Oh, por supuesto que no, Magua, ya que nosotros estamos con él.
—Entonces Le Renard Subtil[11] se marchará —contestó el correo mientras recogÃa su pequeña bolsa del lugar sobre el que la habÃa dejado en el suelo—, y los rostros pálidos sólo estarán con los de su propio color.
—¡Marcharse! ¿Quién es ese Le Renard al que te refieres?
—Es el nombre que sus padres canadienses le dieron a Magua —contestó el correo con aires de orgullo y distinción—. La noche es lo mismo que el dÃa para Le Subtil, cuando Munro le aguarda.