El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Tras exponerse de ese modo tan imprudente, se produjeron las cegadoras ráfagas y fulminantes descargas de una docena de fusiles, dejando al infortunado maestro de canto yaciendo sin sentido sobre la misma roca en la que había dormido. Los mohicanos respondieron a sus enemigos con el mismo grito intimidatorio, mientras que los segundos clamaban salvajemente la alegría que sintieron al ver caer a Gamut. El intercambio de disparos se tornó más intenso entre ambos grupos, pero tanto los de un bando como los del otro se guardaron de no exponer ni la más mínima parte de sus personas a la hostilidad del fuego enemigo. Duncan aguardaba con desesperación el chapoteo de los remos, con la esperanza de que pudieran huir. El río pasaba sin novedad, no habiendo señales de la embarcación por ninguna parte. Por un momento pensó que el explorador les había abandonado, cuando una llamarada intensa, acompañada de un grito fiero, emanaron de las rocas inferiores entremezclados con estertores de agonía mortal, demostrando que el proyectil disparado por el arma de Ojo de halcón, cual mensajero de la muerte, había encontrado una víctima. En ese momento, los asaltantes se retiraron inmediatamente, y al poco tiempo el lugar se volvió tan pacífico como antes de la escaramuza.