El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos En un principio el círculo de sus amistades quedó reducido a un grupo de compatriotas residentes en París, al que se sumaban la emigrante rusa princesa Barbara Galitzin y el marqués de Lafayette, quienes le pondrían en contacto con destacadas personalidades de la sociedad francesa y europea. La amistad que nació entre el marqués y Cooper tendría un significado especial para el pensamiento político y social del autor. Las obligaciones sociales de Cooper fueron aumentando con el paso del tiempo y llegaron a ocupar gran parte de su actividad diaria, en detrimento de su creación literaria. Los círculos más selectos de la sociedad francesa, con todo su esplendor y refinamiento, acogían al gran escritor norteamericano que muchos ansiaban conocer. Pero las firmes ideas de Cooper y su fuerte temperamento pronto darían un giro sustancial a este idilio inicial, si bien el autor no ejercerá de manera notoria la defensa de los intereses americanos y la crítica de las instituciones y de la sociedad europea hasta la década de los cuarenta.