El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —¿Qué regalará el joven jefe originario de donde sale el sol? —exigió saber el hurón, observando que Heyward acababa de concluir la retahÃla de compensaciones con aquella que constituirÃa la máxima aspiración de un indio.
—Hará que el agua de fuego que viene de las islas del lago salado abunden en la casa de Magua, para que el corazón del indio se sienta más ligero que las plumas del colibrÃ, y su aliento más dulce que la madreselva.