El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos El malestar generado por sus polémicas con la prensa lleva a Cooper a pedir a sus hijas que no autoricen ninguna biografía oficial suya, deseo que cumplen con tanta eficiencia que incluso queman los diarios más personales del autor. Pero su andadura vital y, sobre todo, sus obras hablan por sí solas. James Fenimore Cooper, que murió en Cooperstown el 14 de septiembre de 1851, tuvo siempre presente a lo largo de su vida las necesidades y posibilidades de su país, a cuyo servicio puso tanto sus medios personales como su capacidad creadora. Sus obras varían en cuanto a valor estético, pero en todas y cada una de ellas América, de una forma u otra es su principal protagonista. En todo momento Cooper buscó lo que él consideraba la verdad y quiso hacer de la honestidad su norma de vida, deseando, al mismo tiempo, que sus compatriotas comprendieran que tal virtud era imprescindible para el desarrollo de las instituciones y el logro de una auténtica estabilidad que redundara en la independencia nacional y el reconocimiento internacional, de vital importancia en el siglo XIX para los Estados Unidos.