El último de los Mohicanos

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El enfrentamiento creciente entre Cooper y sus compatriotas tuvo su desenlace más llamativo en el malentendido con la prensa americana, en el que se resumía el antagonismo irreconciliable de dos filosofías opuestas. En esta disputa se distinguen dos aspectos: uno tiene un marcado color local y está representado en el aspecto externo de la controversia del «Three Mile Point». El otro aspecto que Cooper defiende es el derecho a su intimidad y, por extensión, la necesidad de controlar el uso indebido que de la libertad de expresión hacían por entonces los periodistas. «Three Mile Point» era una pequeña parcela situada en la orilla oeste del lago Otsego y uno de los pocos terrenos que el juez William Cooper no había vendido a los colonos; mientras él vivió nadie puso en tela de juicio sus derechos de posesión, aunque era un terreno abierto a todos los habitantes de la villa. A su muerte expresó en el testamento su voluntad de dejar el terreno a todos sus descendientes hasta 1850. Los habitantes de Cooperstown siguieron haciendo uso del lugar y poco a poco se fue extendiendo la idea de que era un lugar público que William Cooper, en su magnanimidad, había otorgado a sus conciudadanos. Cuando Fenimore Cooper decide reivindicar, en 1837, los derechos familiares, el descontento fue general y los ciudadanos llegaron a plantear la quema de los libros del autor que estaban en la biblioteca de la villa, si bien al final se contentaron con retirarlos de los estantes. Los periódicos se apresuraron a recoger el sentir popular, rompiendo una lanza por los desasistidos ciudadanos que veían sus derechos pisoteados. Cooper luchó hasta el final, no tanto por el valor económico de la parcela, prácticamente nulo, sino por defender lo que él consideraba derechos inalienables y principios fundamentales: la propiedad y la libertad.


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