El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos De vuelta en América, de nuevo instalado con su familia en Nueva York, Cooper siguió siendo el «gentleman» demócrata, en lucha perenne y privada entre el pragmatismo y el idealismo, tratando de encontrar un equilibrio. El contraste entre su ideología apartidista y el afán lucrativo de la ciudad y de la nación en general le convertía en un extraño en su propio país. La migración constante que siempre ha caracterizado al pueblo norteamericano, unido a las transformaciones políticas, sociales y económicas, habían convertido a una ciudad como Nueva York en un lugar desconocido para Cooper. El largo desacuerdo entre él y su esposa sobre el lugar más adecuado para fijar su residencia se decidió definitivamente a favor de Otsego Hall, en Cooperstown, estado de Nueva York, con periodos más o menos largos de estancia en la ciudad de Nueva York o en Filadelfia.