El último de los Mohicanos

El último de los Mohicanos

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En cuanto había eliminado Uncas a su primer contrincante, se volvió como un hambriento león en busca de otro. El quinto y único hurón que quedaba sin oponente había hecho una momentánea pausa y, tras ver que todos a su alrededor estaban enzarzados en feroz combate, decidió reanudar, con agresivo odio, la inacabada labor de cobrar venganza. Elevando su voz triunfante, se dirigió hacia la indefensa Cora y, en su carrera, lanzó su hacha como mortal preludio de su ataque. El tomahawk rozó el hombro de la muchacha y cortó las ligaduras que la sujetaban al árbol, dejándola en libertad para poder huir. Cora esquivó al salvaje y, sin tener en cuenta su propia seguridad, se fue rápidamente hacia Alice, intentando deshacer con sus débiles manos los nudos que tenían aprisionada a su hermana. Ningún otro, salvo un monstruo, habría ignorado un acto de tan generosa devoción y tan puro amor hacia un ser querido, pero el corazón del hurón desconocía la piedad. Agarrándola por sus espesos y alborotados mechones, la arrancó del lugar al que estaba deseperadamente aferrada y la hizo arrodillarse con brutal violencia. El salvaje envolvió aún más los ondulados cabellos con su mano y, levantándolos hacia arriba al extender su brazo, acercó su cuchillo a la exquisita-mente bella cabeza de su víctima, mientras reía de forma burlona y sarcástica. Pero este momento de hilaridad le costaría la oportunidad de llevar a cabo su fatal propósito, pues justo entonces la escena llamó la atención de Uncas. Éste, de un salto, se lanzó hasta allí, siendo tan rápido su movimiento que casi pareció volar, y cayó como un proyectil contra el pecho de su enemigo, impulsándolo de cabeza a muchos metros de distancia. La fuerza con la que golpeó también le llevó a Uncas hasta donde había caído el otro. Ambos se levantaron, lucharon y sangraron cuando recibieron las correspondientes heridas. Pero la pelea concluyó pronto; el tomahawk de Heyward y el fusil de Ojo de halcón se incrustaron en el cráneo del hurón, justo en el momento en que el cuchillo de Uncas le atravesaba el corazón.


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