El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —¡Exterminad a los bellacos! ¡No hay que darle cuartel a un maldito mingo!
Acto seguido, el cierre del fusil de Ojo de halcón se clavó en la cabeza descubierta del adversario de Duncan; los músculos del salvaje se relajaron al instante, mientras caÃa desplomado de los brazos del joven, como si fuera un tÃtere.