El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Mientras tanto, las hermanas se bajaron de sus monturas, dispuestas a descansar y disfrutar del fresco del anochecer, en un lugar que creÃan tan seguro que, en todo caso, sólo las bestias del bosque podrÃan acecharles.
—¿No habrÃa sido más acertado, mi buen amigo, que nuestro lugar de descanso fuese algo menos conocido y no tan frecuentado como éste? —preguntó el prudente Duncan, menos confiado que las muchachas—. ¿No nos convendrÃa más un sitio menos conocido y frecuentado que este fortÃn?