El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —En un solo dÃa libramos tres batallas contra el franco-holandés[22] —continuó diciendo Ojo de halcón, más bien dando rienda suelta a sus recuerdos que contestando a la observación hecha por Duncan—. Salió a nuestro encuentro cuando intentábamos asaltarle sobre la marcha, durante el avance de sus tropas, y nos dividió. Tuvimos que huir como ciervos asustados hasta las orillas del Horicano, pero pudimos recomponernos y unir nuestras esparcidas fuerzas de nuevo contra él. Nos dirigió Sir William, dándosele ese tÃtulo nobiliario precisamente por tal proeza; y bien que supimos compensarle por la vergüenza sufrida durante la mañana. Cientos de franceses vieron el sol por última vez aquel dÃa; e incluso su jefe, el mismÃsimo Dieskau, cayó en nuestras manos. Estaba tan herido y batido por el plomo que tuvo que regresar a su paÃs, incapacitado para volver a tomar parte en ninguna acción de guerra.
—¡Una hazaña noble! —exclamó Heyward con todo el fervor propio de su juventud—. Su fama enseguida llegó hasta nuestros oÃdos, en el sector sur del ejército.