El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —¿Entonces no estamos a gran distancia del fuerte William Henry? —preguntó Heyward, acercándose al explorador.
—Aún queda un largo y tortuoso camino, y de nosotros depende cuánto tiempo nos llevará y por dónde hemos de abarcarlo; observe —dijo el otro, señalando a través de los árboles hacia un punto en el que una pequeña masa de agua reflejaba la luz de las estrellas sobre su plácida superficie—. Ahà está el «estanque sangriento» y ahora me encuentro en tierras que me son poco conocidas, pero en las que he luchado contra el enemigo de sol a sol.
—¡Ah! Luego esa pequeña extensión de agua es la sepultura de los valientes que cayeron en la contienda. La he oÃdo nombrar alguna vez, pero jamás he estado a sus orillas.