El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos La panorámica tenía el aspecto de algo móvil y, a la vez, estático. Todo lo que era propio de la naturaleza se comportaba de modo agradable y dulce; y todo aquello relacionado con los movimientos y el ingenio del hombre convivía en alegre armonía con ese escenario.
Había dos banderas blancas ondeando al viento, una se encontraba alzada sobre la esquina más saliente de la fortaleza, mientras que otra la portaba la batería más avanzada de las fuerzas asediantes. Las enseñas de tregua parecían representar no sólo el hecho temporal de un alto en los combates, sino el deseo de terminar con ellos para siempre.
Tras ellas, ondeaban los pliegues sedosos de dos estandartes más grandes en tamaño y más elaborados en su colorido: las respectivas banderas rivales de Inglaterra y Francia.