El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Los salvajes ahora parecÃan quedarse atrás, dispuestos a permitir que sus enemigos siguiesen su camino sin más perturbación. Pero en cuanto el grupo de mujeres y niños llegó a su altura, los colores llamativos de un chal que llevaba una de ellas despertó el capricho de uno de los incontrolados hurones. Éste le salió al paso para arrebatárselo, sin dudarlo un instante. La mujer, más por temor al asalto que por conservar la prenda, arropó a su hijo con el codiciado chal y le abrazó fuertemente. Cora iba a decirle a la señora que dejara atrás la insignificante vestimenta, cuando el salvaje le quitó el aterrorizado niño de sus brazos. Dejando su puesto en el grupo, la madre se abalanzó en busca de su hijo. El indio sonrió maliciosamente, extendiendo una mano en señal de intercambio, mientras que con la otra sostenÃa al bebé cabeza abajo, como si fuera un trofeo o botÃn preciado.
—¡Toma… toma… ahà tienes… cualquier cosa… todo! —exclamaba sin aliento la mujer, mientras dejaba atrás todas sus pertenencias y se quitaba algunas de sus prendas más superficiales, incluido el chal, esparciéndolas a su alrededor temblando de miedo—. ¡Llévatelo todo, pero devuélveme mi niño!