El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos El grupo de cabeza, con Heyward al frente, ya había alcanzado el desfiladero e iba quedando fuera de la vista cuando a Cora le llamó la atención un grupo de salvajes que intentaba privar a un provinciano de sus pertenencias. El hombre era corpulento y no estaba dispuesto a verse despojado de sus bienes sin oponer resistencia. Pronto intervinieron más individuos de uno y otro bando, unos para evitar el robo y otros para asegurar su éxito. Los ánimos se estaban crispando; se oyeron gratos y aparecieron, como por arte de magia, otros cien salvajes donde un minuto antes sólo había una docena. Fue entonces cuando Cora vio la figura de Magua deslizándose entre sus guerreros, hablando con su habitual e infame elocuencia. Los niños y las mujeres se paralizaron y retrocedieron como una bandada de aves asustadas. No obstante, al salirse el indio ladrón con la suya, comenzó de nuevo el avance con cierta normalidad.