El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos A medida que el confuso conjunto humano dejaba atrás el promontorio del fuerte y salÃa hacia la llanura abierta, la escena al completo se reveló ante sus ojos. Un poco hacia la derecha y a lo lejos se encontraba el ejército francés, preparado para el combate y agrupado bajo las órdenes de Montcalm, una vez que los guardias designados se habÃan hecho cargo de la fortaleza. Con gran atención, pero en silencio, observaron el desplazamiento de los desahuciados, rindiéndoles los correspondientes honores militares sin que hubiera un atisbo de insulto u ofensa hacia los desafortunados enemigos. Los ingleses formaban una masa humana de casi tres mil personas que se dirigÃa gradualmente hacia el centro de la llanura, lugar en el que convergÃan los diversos grupos para dar lugar a una sola hilera que se iba adentrando en la espesura arbórea, allà donde el camino hacia el Hudson penetraba en el bosque. A lo largo de los bordes de la maleza se extendÃa una oscura nube de salvajes que vigilaba el paso de sus enemigos, al igual que una bandada de buitres. La única razón por la cual no se habÃan abalanzado ya sobre sus presas era la presencia de un ejército superior que lo impedÃa. Algunos incluso se acercaron a la columna de derrotados y observaron de cerca a esa multitud migratoria, combinando una actitud de atenta neutralidad con otra de rencor y desprecio.