El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Alice se aferró al brazo de su hermana y juntas salieron del patio de armas, acompañadas por el séquito que les rodeaba.
Al pasar por la entrada, los oficiales franceses, sabiendo quiénes eran las muchachas, les ofrecieron su saludo más respetuoso; aparte de esto, evitaron con mucha prudencia cualquier otra atención que hubiera podido resultar inapropiada. Dado que todos los carruajes y animales de carga llevaban a cuestas personas heridas o enfermas, Cora decidió hacer la marcha a pie para no privar a nadie de tales medios. Con todo, más de un soldado herido o debilitado hubo de arrastrar su agotado cuerpo al final de la columna, ya que no había sitio para todos y las comodidades eran escasas. Todos, sin embargo, continuaron adelante; los débiles y los heridos, gruñendo y quejándose; sus camaradas, callados y resentidos; y las mujeres con los niños, aterrorizados ante la incertidumbre de todo ello.