El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —No diga una sola palabra, si es que quiere permanecer vivo. Mire cómo el sagamore está sentado junto al fuego, a la manera de un gran jefe indio. Si hay algún merodeador en la oscuridad, no sospechará que estamos al tanto de sus movimientos si le ve en esa actitud.
—Pero podrÃan llegar hasta él y matarlo. Está excesivamente visible a la luz del fuego; es muy probable que sea el primero en caer.
—No hay duda de que es verdad lo que dice usted —le contestó el explorador, mostrándose más preocupado que de costumbre—. Pero ¿qué podemos hacer? Un solo movimiento en falso puede provocar un ataque para el cual no estarÃamos preparados. El sabe que hemos notado algo por la llamada que le dirigà a Uncas; le haré otra que le haga entender que estamos tras los pasos de los mingos; su instinto indio le dirá cómo reaccionar.