El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Cuando un hombre se relaciona con un determinado tipo de gente —continuó diciendo Ojo de halcón—, si ellos son honrados y él no es mezquino, se desarrollará un mutuo afecto entre ellos. Es verdad que las manipulaciones de los blancos han provocado gran confusión entre los nativos, con respecto a quiénes son enemigos o amigos; de tal manera que los hurones y los oneidas, quienes hablan la misma lengua, se arrancan mutuamente las cabelleras, y los delaware se encuentran ahora divididos; unos celebrando sus consejos alrededor del fuego a orillas de su propio rÃo y luchando en el mismo bando que los mingos, mientras que la mayorÃa están en el Canadá, enemistados para siempre con los maquas. AsÃ, todo está en desorden y afecta el curso normal de la guerra. Con todo, la naturaleza de un piel roja no cambia con la misma facilidad que la polÃtica de los blancos; de modo que las relaciones entre un mohicano y un mingo son muy parecidas a las que puede haber entre un hombre blanco y una serpiente.
—Lamento oÃr eso; ya que habÃa pensado que los nativos que habitaban dentro de nuestras fronteras nos habÃan considerado lo bastante justos y bondadosos como para identificarse plenamente con nuestra causa.