El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos La recensión del North American Review, de julio del mismo año, está firmada por W. H. Gardiner. Dado que la revista había ignorado las dos obras anteriores de Cooper, esta crítica se extiende tanto a El último mohicano como a las cinco novelas que el autor había publicado entre ésta y la primera, Precaution. Gardiner considera a Fenimore Cooper como el primer novelista americano propiamente dicho y alaba el conocimiento que el autor tiene de la naturaleza de su propio país, así como el reconocimiento explícito que hace de la espectacularidad de aquélla, no sólo por grande sino también por variada, como queda reflejado en sus obras literarias. Después de abundar en temas y defectos ya reflejados en recensiones precedentes por otros críticos, Gardiner se explaya en su particular visión de cómo debe ser una heroína, de manera tal que ni las arquetípicas Cora y Alice se acercan al gentil ideal de aquél, y es que las mujeres de Cooper, dice, «son tristemente deficientes en gracia y soltura, elegancia en el porte, auténtica delicadeza y refinamiento natural (…); en una palabra, que no demuestran tener aquello que se supone que les es inherente: la verdadera formación de una señora de alcurnia» (Dekker/McWilliams: 111). Por si esto fuera poco, Cora hace gala de algo inadmisible en una verdadera heroína: «la exuberancia de su sangre negra». Gardiner se apresura a explicar que no quiere ofender a sus compatriotas de color, pero que las convenciones literarias son sagradas para un crítico. En la misma línea de análisis, el recensor confiesa que encuentra, sin embargo, a los indios demasiado civilizados, y que cree que son una pura invención idealista del autor y no un reflejo de la realidad de los pueblos nativos.