El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Aún había suficiente luz en el cielo para ver aquellos claros en la maleza que marcaban los caminos que se adentraban en el bosque. De uno de ellos surgió una fila de guerreros que avanzaba lentamente hacia las viviendas. Uno de los más adelantados sostenía una vara corta de la cual, como luego pudo comprobarse, pendían varias cabelleras humanas. Los terroríficos ruidos que Duncan había percibido no eran otros que los «aullidos de muerte», como los llaman muy acertadamente algunos blancos; y cada vez que se repetían era para anunciar a la tribu el fatal destino de un enemigo. Hasta ahí llegaba el conocimiento de Heyward sobre el asunto; y dado que se trataba del regreso inesperado de una exitosa expedición guerrera, le sobrevino el alivio y la tranquilidad, en sustitución del temor a que su identidad hubiera sido descubierta.