El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —¡Mira bien, miembro de los delaware! —le dijo, chasquiendo los dedos en su cara—. Tu nación está compuesta sólo por hembras, y tus manos están mejor hechas para la azada que para el fusil. Vuestras mujeres son madres de gamos; si naciese un oso o un gato montés o una serpiente entre vosotros, huirÃais todos. Las niñas de los hurones te harán faldas y nosotras te encontraremos marido.
Un estallido de risa salvaje sucedió a este cúmulo de improperios, durante el cual la alegrÃa musical de las voces femeninas más jóvenes se combinó de forma extraña con la ronquera de garganta mostrada por su compañera más maligna. No obstante, el desconocido lo soportó todo. MantenÃa la cabeza erguida, sin dar testimonio de la presencia de las mujeres, hacia quienes ni siquiera miraba si no era para observar las acciones de los guerreros que estaban detrás de ellas, quienes hacÃan de callados y resentidos espectadores de la cuestión.