El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Las aguas curativas nunca devolverán la vida a los hurones muertos —contestó Uncas en la lengua de tono musical que hablaban los delaware—; El rÃo revuelto blanquea sus huesos. Los hombres de esa tribu son mujeres y sus mujeres son lechuzas. Ve y llama a los todos los perros hurones para que contemplen un guerrero. Mi nariz se ofende al detectar el olor de un cobarde.
Esta alusión final llegó a calar hondo en los presentes, constituyendo una grave injuria. Un gran número de los hurones entendÃan el idioma del cautivo, entre los cuales se encontraba Magua. Este astuto salvaje vio en ello una ventaja para sÃ, e inmediatamente se aprovechó de la situación. Dejando caer la capa de piel de gamo que le cubrÃa el hombro, alzó su brazo y empezó otro de sus convincentes y fatÃdicos discursos. A pesar de que su influencia en la tribu habÃa mermado a causa de su ocasional debilidad, asà como por su recordada deserción, sus incomparables dotes de orador no tenÃan rival. Siempre le escuchaban, y casi siempre terminaban convencidos de lo que decÃa. En esta ocasión su capacidad de manipulación se vio potenciada por la sed de venganza de su público.