El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —SÃ; afortunadamente se han librado de los tomahawks de estos bellacos. Pero ¿me puede usted informar acerca de Uncas?
—Mantienen a ese joven atado, y mucho me temo que su muerte es segura. Lamento profundamente que alguien de tan gran valÃa muera sin el conocimiento de la palabra de Dios, y he seleccionado un himno apropiado…
—¿Puede llevarme hasta él?
—No será tarea difÃcil —le contestó David, algo vacilante—. Aunque me temo que su presencia tan sólo le acarreará más problemas de los que ya tiene.
—No se hable más y pongámonos en marcha —le contestó Ojo de halcón, volviéndose a cubrir la cara y precipitándose a través de la puerta, haciendo asà honor a sus palabras.