El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —¡Espera! —le dijo el explorador, cogiéndole por el hombro—. ¡Deja que griten de nuevo! puede tratarse sólo de una reacción de sorpresa.
No hubo tiempo para más, ya que al momento siguiente el aire de la noche se saturó de todo un elenco de alaridos que se extendÃan por todo el poblado. Uncas se despojó de su disfraz, dejando ver su bien proporcionada constitución de nuevo. Ojo de halcón le palpó el hombro con suavidad y avanzó rápidamente.
—¡Ahora sà que están tras nuestro rastro! —dijo el explorador, sacando dos fusiles, junto con sus complementos, de entre unos arbustos. Sostuvo fuertemente en su mano al «mata-ciervos» a la vez que le entregaba a Uncas su arma—; al menos dos de ellos caerán cuando den con nosotros.
A continuación, se lanzaron como cazadores en busca de su presa, siguiendo por un camino semioculto que les adentraba en las profundidades arbóreas.