El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Los hombres de los lenape escucharon sus palabras con el respeto propio que infundía la superstición, dejándose llevar por el profundo significado del lenguaje metafórico del joven sagamore. El mismo Uncas observó con mirada inteligente el efecto de su discurso, adoptando una actitud menos autoritaria a medida que percibía el agrado de su público. Luego, tras recorrer con sus ojos la silenciosa multitud congregada alrededor del trono de Tamenund, vio por primera vez a Ojo de halcón, sujeto por ligaduras. Avanzando con decisión desde donde se encontraba, se puso al lado de su amigo y cortó las tiras que le aprisionaban por medio de un violento corte de su cuchillo; y tras esto les indicó a las gentes que le abrieran camino. Los indios le obedecieron en silencio, y de nuevo formaron círculo a su alrededor, como lo hicieran antes de que compareciera ante ellos. Uncas llevó al explorador del brazo hasta la presencia del patriarca.
—Padre —le dijo—. He aquí este rostro pálido… Un hombre justo, y amigo de los delaware.
—¿Es uno de los hijos de Miquon?
—Ciertamente no; es un guerrero conocido de los yengeese, y temido por los maquas.
—¿Qué nombre le han valido sus hazañas?