El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —¡Oigo un cuervo! —exclamó Magua entre carcajadas—. Deja de molestarme —añadió mientras apartaba a la multitud, que ya habÃa comenzado a dejarle paso—. ¿Dónde están las faldas de los delaware? Que envÃen sus flechas y sus armas a los wyandotes; tendrán carne para comer y maÃz para cultivar. Perros, conejos, ladrones… ¡escupo sobre vosotros!
Sus ofensas al partir fueron recibidas con un silencio profundo e hiriente; y habiendo pronunciado tales insultos, Magua se adentró sin oposición en el bosque, seguido por la sumisa prisionera y protegido por las inviolables leyes de la hospitalidad india.