El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Sus personajes se dividen generalmente en dos bandos que argumentan sus posibilidades hasta la victoria de los «buenos»; dialéctica que se articula como la lucha entre la inocencia y la experiencia, o lo que el propio autor denomina «sinceridad» y «duplicidad», todo ello contra un fondo de folletín gótico a la manera inglesa. Brown estaba implicado en las batallas dialécticas entre las teorías políticas de su tiempo, batallas en las que optaba por un federalismo conservador. Así pues, hace a sus personajes «buenos» renegar de todo vestigio revolucionario que pueda recordar la manera francesa.
En sus obras se aprecia aún la resistencia secular americana a la literatura como evasión y entretenimiento. Sus personajes tienen un propósito: constituyen estudios políticos, psicológicos o filosóficos de temas y debates de la época. Así, no encontramos un narrador omnisciente que dirija y ponga orden en la narración, sino que los personajes se ven implicados directamente en la acción por medio de diarios, cartas y confesiones. Las obras de Brown son serias, tensas y lugar de conflictos, más que de juego literario.
