El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Mientras habÃa estado meditando sobre la situación, el explorador se encontraba protegido tras una formación rocosa y sus compañeros permanecÃan al amparo de la hondonada del riachuelo inicial. Al escuchar éstos la discreta pero audible señal sonora de su lÃder, todo el grupo subió hasta allà sin hacer el menor ruido, como un cúmulo de oscuras sombras. Dirigiendo su mano hacia la dirección en la que pretendÃa avanzar, Ojo de halcón siguió adelante mientras que los demás le seguÃan en fila de a uno respetando sus pisadas con tanta precisión que, salvo en los casos de Heyward y David, el rastro dejado parecÃa corresponder a un solo hombre.
Sin embargo, no habÃa acabado de salir el grupo de su escondite cuando se oyó la descarga de una docena de fusiles, detrás suyo; y un delaware recibió un disparo que le hizo saltar como un gamo herido, cayendo muerto en el acto.
—¡Maldición, ya me temÃa un engaño asÃ! —exclamó el explorador en inglés, añadiendo rápidamente en su lengua adoptiva—. ¡A cubierto, compañeros, y atacad!