El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos —Aún no, aún no —le contestó el explorador—. Cuando pueda ver a sus aliados, les hará saber que está aquÃ. ¡Mire, mire! Los bellacos se están introduciendo bajo ese cúmulo de pinos, como un montón de abejas que se aglomeran. Por Dios que hasta una mujer india serÃa capaz de acertar con una bala a uno de estos indeseables de piel oscura estando tan apretujados.
En ese momento se oyó un alarido de combate, y una docena de hurones cayeron ante la descarga propinada por Chingachgook y sus hombres. El grito fue contestado por otro que provenÃa del bosque, dando lugar a una estruendosa retahÃla de exclamaciones que parecÃan ser obra de mil voces unidas en una sola. Los hurones se desperdigaron rápidamente, disolviendo sus lÃneas por la mitad, y Uncas surgió del bosque, a través del hueco que habÃan dejado al huir, encabezando un grupo de cien guerreros.