El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Agitando el ensangrentado cuchillo hacia el joven suplicante, Magua emitió un grito de victoria tan feroz, salvaje, e incluso lleno de satisfacción, que pudo transmitir el mensaje de su victoria a los que aún luchaban en el valle, a cientos de metros de allí. Le contestó el explorador por medio de un exabrupto, mientras se acercaba al lugar con pasos largos y rápidos, moviéndose sobre las peligrosas rocas como si volara. No obstante, cuando el cazador llegó allí, tan sólo se encontró con los cadáveres.
Sólo miró una vez hacia las víctimas, y su aguda vista se volvió al frente, analizando las dificultades de la subida que tendría que realizar. Una figura humana se alzaba desde el saliente de la montaña, con los brazos levantados en claro gesto amenazante. Sin pararse a ver quién era, Ojo de halcón levantó el cañón de su fusil; pero una roca que cayó sobre la cabeza de uno de los fugitivos, que corrían debajo, dejó entrever el semblante iracundo e indignado del honrado Gamut. Entonces salió Magua de entre las grietas rocosas, saltando por encima del cuerpo del último de sus guerreros, para subir hasta un punto de las rocas en el cual estaría fuera del alcance de David. De un solo salto podría alcanzar el borde del precipicio y asegurar la integridad de su persona. Sin embargo, antes de dar ese salto, el hurón se detuvo para agitar su puño hacia el explorador y gritar: