El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos El hurón saltó como un tigre sobre su camarada ante la ofensa cometida, pero el cuerpo de Uncas ya se había interpuesto entre los dos contendientes. Olvidando a su contrincante por esta súbita acción, y enloquecido por el crimen que acababa de presenciar, Magua clavó su cuchillo en la espalda del desprotegido delaware, elevando un diabólico grito mientras cometía tan infame acto. No obstante, Uncas aún pudo levantarse, como una pantera herida que se revuelve contra su enemigo, y dio muerte al asesino de Cora utilizando los últimos vestigios de fuerza que le quedaban. A continuación, con una mirada severa y firme, le hizo comprender a Le Subtil lo que le habría hecho si las fuerzas no le hubiesen abandonado. Éste último cogió al delaware por el brazo, cuando ya no oponía resistencia, y hundió su cuchillo tres veces en el pecho de su víctima, mientras el joven le dedicaba una última expresión llena de eterno desprecio, antes de caer muerto a sus pies.
—¡Piedad! ¡Ten piedad, hurón! —le gritó Heyward desde arriba, su voz ahogándose por el horror presenciado—. ¡Muestra piedad, y también la recibirás a cambio!