El último de los Mohicanos
El último de los Mohicanos Surcando a través de incontables islas, y rodeado de montañas, el «lago sagrado» se extendía aún otra docena de leguas hacia el sur. Con la alta planicie que allí se interponía a la continuación de su paso, comenzaba un porteo de otras tantas millas, el cual conducía al aventurero a las orillas del Hudson, en un punto en el que, con las frecuentes obstrucciones causadas por los rápidos, o grietas, como se les llamaba en la lengua del lugar, el río se hacía navegable a la corriente.