La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Como si se disculpara por este deseo, se dijo que anteriormente el ejército ya había sufrido grandes derrotas y, en pocos meses, se había sacudido la sangre y su recuerdo para emerger otra vez tan brillante y valiente como si fuese nuevo; apartando a un lado la memoria del desastre y mostrando el valor y la confianza de legiones imbatibles. Las voces penetrantes de la gente resonarían sombrías en el hogar durante un tiempo, pero los generales se habían acostumbrado a escuchar tales cantinelas. Y él, desde luego, no tenía reparo alguno en entregar en sacrificio a un general. No podía conocer de antemano a quién le tocaría recibir las invectivas, así que tampoco era capaz de sentir compasión alguna por él. Las gentes estaban lejos y, a tan larga distancia, la opinión pública no podía ser muy certera. Era muy posible que señalaran al hombre equivocado, quien, después de reponerse de la sorpresa, se pasaría el resto de su vida redactando respuestas a las crónicas de su supuesto fracaso. Sería un hecho muy desgraciado, desde luego, pero en aquella situación un general carecía de importancia para el joven.