La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Algo en su interior le pedía gritar. Sintió el impulso de pronunciar un discurso de aliento, de entonar un himno marcial, pero su lengua sólo consiguió arrojar al aire una pregunta: «¿Por qué?… ¿Por qué?… ¿Qué es lo que ocurre?».
Pronto se vio rodeado de soldados. Saltaban y corrían a su alrededor. Sus pálidos rostros brillaban en la noche. En su mayoría, parecían hombres muy fornidos. El muchacho se volvía para mirar a cada uno de ellos a medida que pasaban a toda velocidad. Sus preguntas incoherentes se perdían en el aire. Los hombres hacían caso omiso a sus llamamientos. No parecían verle.
A veces farfullaban como en un delirio. Un soldado enorme inquiría al cielo: «¿Dime, dónde está la carretera de Plank? ¡Dónde está la carretera de Plank!». Se comportaba como si hubiese perdido a un niño y llorase de dolor y desánimo.
Poco después, los hombres corrían por todas partes y en todas las direcciones. La artillería retumbaba por delante, en la retaguardia y en ambos flancos, provocando la confusión de rumbos. Las lindes del camino se habían desvanecido en la creciente penumbra. El muchacho comenzó a imaginar que se hallaba en medio de una contienda descomunal y no veía forma de salir de ella. De los labios de los que huían surgían miles de preguntas desesperadas que nunca hallaban respuesta.