La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —¡Vosotros, callaos de una vez! No tiene ningún sentido que gastéis saliva en prolijas discusiones sobre esto, aquello o lo de más allá. Cotorreáis como un hatajo de gallinas viejas. Todo lo que tenéis que hacer es luchar, y en diez minutos vais a tener toda la batalla que queráis. Menos hablar y más luchar, eso es lo que tenéis que hacer. En la vida he visto a zopencos tan charlatanes como vosotros.
Hizo una pausa, preparado para saltar contra el que tuviera la temeridad de replicarle. Al no escuchar contestación alguna continuó andando con aire digno.
—De todos modos, hay demasiada cháchara y muy poca pelea en esta guerra —sentenció como conclusión, volviendo la cara hacia ellos.
La claridad del dÃa fue en aumento hasta que el sol arrojó todo su esplendor sobre el bosque atestado de soldados. Una especie de ráfaga de la batalla avanzó arrolladora hacia la zona de la lÃnea de combate en la que se encontraba el regimiento del muchacho. El frente se movió ligeramente para encararla. Hubo un compás de espera. En este lado del campo transcurrÃan lentamente los intensos momentos que precedÃan a la tempestad.
Un fusil solitario destelló desde un matorral, delante del regimiento. Al instante se le unieron muchos más. Se extendió por el bosque una vigorosa melodÃa de crujidos y estallidos.