La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Los cañones de la retaguardia, despertados y enfurecidos por unas granadas lanzadas hacia ellos como si fueran cardos, se enzarzaron de repente en una pelea terrible contra la artillería enemiga. El rugido de la batalla se transformó en un estruendo que era como una única y larga explosión.
La singular vacilación del regimiento era patente en las actitudes de los hombres. Estaban cansados, exhaustos, habían dormido poco y trabajado mucho. Ponían los ojos en blanco frente a la batalla acechadora mientras esperaban el choque. Algunos se encogían acobardados. Permanecían quietos, como atados a una estaca.