La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —Por supuesto —contestó el soldado alto—. Por supuesto que sÃ. Sólo espera hasta mañana y verás una de las mayores batallas que jamás haya tenido lugar. Espera y verás.
—¡Diablos! —dijo el joven.
—SÃ, muchacho, esta vez vas a ver lo que es luchar de verdad, una auténtica batalla —añadió el soldado alto, con el aire de quien estuviese a punto de mostrar una batalla para solaz de sus amigos.
—¡Ja! —se burló el recluta chillón desde una esquina.
—Bueno —observó el muchacho—, puede que esta historia acabe igual que otras en el pasado.
—No, verás como no —contestó exasperado el soldado alto—, verás como no. ¿No ha salido hoy la caballerÃa? —Y miró desafiante a su alrededor. Nadie le contradijo—. La caballerÃa ha salido esta mañana —continuó—, dicen que no queda casi ninguna montura en el campamento. Van a Richmond, o a algún otro sitio, mientras nosotros nos enfrentamos a todos los Johnnies[2]. Es una de esas maniobras. El regimiento también ha recibido órdenes. Un tipo que las ha visto llegar al cuartel general me lo ha dicho hace un rato. Y están armando un buen jaleo en el campamento, eso salta a la vista.
—¡Caray! —dijo el chillón.