La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —¡Aquà están! ¡Los tenemos encima, por todos los santos!… —sus últimas palabras se perdieron en el estruendo avieso de los fusiles de los soldados.
Los ojos del joven se habÃan vuelto instantáneamente hacia donde habÃa indicado el teniente, ahora despierto y agitado, y vio que aquella niebla traicionera ya dejaba ver a un cuerpo de soldados enemigos. Estaban tan cerca que podÃa distinguir sus rasgos. PodÃa reconocer la diversidad de los rostros. Advirtió incluso, con sombrÃa sorpresa, que sus uniformes eran realmente muy alegres, de un gris claro y brillante acentuado por los resplandecientes paramentos. Aquellos uniformes parecÃan nuevos.
Aquellas tropas, al parecer, se aproximaban cautelosamente, con los rifles preparados, hasta que el teniente aniñado las descubrió y la descarga cerrada del regimiento azul truncó su avance. De aquella situación se deducÃa que no habÃan sido conscientes de la cercanÃa de sus enemigos de oscuros uniformes o que habÃan equivocado el rumbo. Casi instantáneamente desaparecieron de la vista del muchacho, por culpa del humo que brotó de los enérgicos fusiles de sus compañeros. Forzó la vista para comprobar el resultado de aquella descarga, pero el humo no se lo permitió.