La roja insignia del valor
La roja insignia del valor El joven y su amigo habÃan interrumpido la narración varias veces:
—¡Ya!
—Estás mintiendo, Thompson.
—¡Oh, vete al diablo!
—No ha dicho eso, seguro.
—Oh, vaya pedazo de mentira.
—¡Venga ya!
Pero a pesar de estos desdenes infantiles, sabÃan muy bien que sus rostros delataban el rubor de la emoción. Intercambiaron una mirada de secreta alegrÃa y felicidad.
Inmediatamente olvidaron muchos sinsabores. Desaparecieron del pasado las escenas de errores y desencantos. Estaban felices y sentÃan los corazones henchidos de gratitud y afecto hacia el coronel y hacia el teniente aniñado.