La roja insignia del valor
La roja insignia del valor En este punto de su marcha, la división trazó una curva, alejándose del campo, y serpenteó en dirección al rÃo. Cuando el joven comprendió el significado de aquel movimiento, se volvió y miró por encima del hombro hacia el terreno pisoteado y plagado de escombros. Lanzó un suspiro de Ãntima satisfacción. Luego le dio un codazo a su amigo.
—Bueno, esto se acabó —le dijo.
Su amigo miró hacia atrás.
—Por todos los santos, es cierto —afirmó. Y adoptaron un aire meditabundo.
Durante un tiempo el muchacho se vio impelido a pensar de un modo desconcertante y extraño. Su mente habÃa sufrido un cambio sutil. Le llevó tiempo deshacerse de sus fórmulas bélicas y volver a su acostumbrado proceso mental. Su cerebro surgió gradualmente de entre las nubes que lo envolvÃan y finalmente fue capaz de comprenderse con más claridad a sà mismo y a las circunstancias de su entorno.
Entendió entonces que los ataques y los contraataques pertenecÃan al pasado. HabÃa morado en una tierra de extraña y sobrecogedora agitación y habÃa salido con vida. HabÃa visitado un lugar habitado por el rojo de la sangre y el negro de la pasión y habÃa escapado. Por todo ello, dedicó sus primeros pensamientos a la alegrÃa.