La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Más tarde comenzó a analizar sus propias acciones, sus fracasos y sus logros. Y así, recientes aún las escenas en que sus mecanismos habituales de reflexión habían permanecido inactivos, en los que había actuado como un borrego, se dispuso a retomar el control sobre todos sus actos.
Por fin pasaban ante él con claridad. Desde su perspectiva actual, podía observarlos como un espectador y criticarlos con acierto, pues había superado ya la inclinación a la benevolencia.
Repasando la sucesión de recuerdos, se sintió contento y libre de remordimientos, ya que en ella sus actos públicos resaltaban con brillante esplendor. Los actos que sus camaradas habían presenciado marchaban ahora en grana y oro. Avanzaban alegres envueltos en música. Era un placer rememorarlos. Pasó unos minutos agradables contemplando aquellas doradas imágenes de la memoria.
Comprendió que valía. Recordó, con un alegre estremecimiento, los respetuosos comentarios de sus compañeros sobre su conducta.
Sin embargo, el fantasma de su deserción durante el primer combate volvió a aparecer y bailar ante sus ojos. Estallaron algunos gritos en su mente por este motivo. Por un momento se ruborizó y la llama de su espíritu pareció palidecer avergonzada.