La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Hasta él llegó un espectro cargado de reproches. Le acechaba el recuerdo persecutorio de aquel soldado harapiento: aquel que, ensangrentado por las balas y débil por la hemorragia, se preocupó de su herida imaginaria, aquel que había empleado las últimas energías de su cuerpo y espíritu en auxiliar al soldado alto, aquel que, ciego por el cansancio y el dolor, dejó abandonado en el campo.
Un lastimero sudor frío le sobrevino ante el temor de que descubrieran su secreto. Ante esta recalcitrante visión, dejó escapar un grito de aguda exasperación y angustia.
Su amigo se volvió hacia él.
—¿Qué ocurre, Henry? —le preguntó.
La réplica del joven fue una explosión de encendidas blasfemias.