La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Respecto a sus compañeros, su mente oscilaba entre dos hipótesis, que dependían de su estado de ánimo. A veces se inclinaba por pensar que todos eran héroes. De hecho, admitía en los demás, generalmente en secreto, una evolución superior de las más altas cualidades. Podía figurarse a hombres que pasaban por el mundo de manera insignificante, pero cargados de un enorme caudal de valor aún no manifestado, y pese a que conocía a la mayoría de sus camaradas desde la infancia, comenzó a temer que los había juzgado con ligereza. En otras ocasiones despreciaba estas teorías y se decía que todos sus compañeros dudaban y temblaban en privado.
Su estado emocional le hacía sentirse extraño en presencia de hombres que hablaban entusiasmados de futuras batallas como de una representación teatral que fuesen a presenciar, sin que sus rostros reflejaran más que impaciencia y curiosidad. A menudo sospechaba que todos eran unos embusteros.
Tales pensamientos daban lugar a severas condenas de sí mismo. A veces se increpaba con virulentos reproches. Se declaraba culpable de crímenes vergonzosos contra los dioses de la tradición.