La roja insignia del valor
La roja insignia del valor —¿No os habÃa dicho que darÃamos un rodeo y les atacarÃamos por la espalda? ¿No os lo habÃa dicho? Bueno…
—Oh, cierra el pico.
Durante largo rato el recuerdo persecutorio del soldado harapiento eliminó todo el júbilo de las venas del muchacho. Comprendió su grave culpa y temió que le marcara para el resto de su vida. No participaba en las charlas de sus compañeros, no los miraba, los ignoraba, excepto cuando tenÃa la súbita sospecha de que podÃan ver sus pensamientos y escrutar cada detalle de la escena con el soldado harapiento.
Sin embargo, paulatinamente reunió fuerzas para alejar de sà su pecado y colocarlo a distancia. Y por fin abrió los ojos a nuevos horizontes. Descubrió que ahora podÃa echar la vista atrás y repasar la ampulosidad y la pompa de sus antiguas creencias y verlas exactamente tal y como eran. Se sintió feliz al darse cuenta de que ahora las despreciaba.
Tal convicción le infundió seguridad. Sintió una serena hombrÃa nada autoritaria, pero de sangre fuerte y vigorosa. Supo que ya no temerÃa jamás su destino, le llevase adonde le llevase. HabÃa estado buscando una muerte grandiosa y descubrió que, después de todo, sólo existÃa un tipo de muerte. Era un hombre.