La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Abundaban el sudor y las quejas. Después de un tiempo comenzaron a liberarse de sus macutos. Algunos los dejaban caer despreocupados; otros los escondían con cuidado y aseguraban que volverían a por ellos cuando tuvieran ocasión. Los hombres se despojaban de sus camisas gruesas. De hecho, casi ninguno llevaba nada más que la ropa imprescindible, mantas, mochilas, cantimploras, armas y munición.
—Comer y disparar —dijo el soldado alto al joven—. Eso es todo lo que tienes que hacer.
La supuesta infantería lenta se convirtió, en la práctica, en una infantería ligera y veloz. Libre de cargas, el regimiento recibió un nuevo impulso. Sin embargo, habían perdido mochilas valiosas y, en general, muy buenas camisas.
Con todo, el regimiento distaba de tener una apariencia de veteranía. Los regimientos veteranos más bien solían ser grupos muy reducidos de hombres. En cierta ocasión, cuando la formación llegó al campamento por primera vez, algunos veteranos que deambulaban por allí, al percatarse del tamaño de la columna, les preguntaron:
—Eh, muchachos, ¿qué brigada es esta?
Y cuando los hombres respondieron que formaban un regimiento y no una brigada, los veteranos se rieron y exclamaron.
—¡Dios santo!