La roja insignia del valor
La roja insignia del valor También sintió pena por los cañones, erguidos, seis buenos camaradas que formaban una fila de valientes.
Vio que una brigada acudía a auxiliar a sus agobiados compañeros. Escaló con dificultad una colina muy pequeña y vio cómo la brigada peinaba el terreno con precisión, manteniendo la formación en las zonas más complicadas. El azul de la formación aparecía tachonada de brillos metálicos y las rutilantes banderas sobresalían. Los oficiales gritaban.
Esta visión también le llenó de admiración. La brigada avanzaba briosa para ser devorada por las bocas infernales del dios de la guerra. ¿Qué clase de hombres eran aquéllos? ¡Pertenecían a una estirpe maravillosa!, o por el contrario no entendían nada, ¡los muy necios!
Una orden vehemente causó conmoción en la artillería. Un oficial montado a caballo, brincando, hacía con sus brazos aspavientos de maniaco. Las yuntas de tiro avanzaron desde la retaguardia, se dio la vuelta a los cañones y la batería abandonó el lugar con rapidez. Los cañones gruñeron con sus morros inclinados hacia el suelo y protestaron como hombres robustos, valientes, pero reacios a las prisas.
Una vez dejó atrás la zona de los estampidos, el joven moderó el paso.