La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Le invadió una rebelión sorda, animal, contra sus compañeros, contra la guerra en general y contra el destino. Caminó arrastrando los pies con la cabeza gacha y la mente sumergida en un tumulto de agonía y desesperación. Cuando miraba hacia arriba con el ceño fruncido, temblando ante el menor ruido, sus ojos tenían la expresión de los criminales que creen que su delito ha sido pequeño, su castigo grande y saben que carecen de coartada.
Se fue desde los campos al denso bosque, como si hubiese decidido sepultarse allí. Quería dejar de oír el estallido de los disparos, que en sus oídos sonaban como voces.