La roja insignia del valor
La roja insignia del valor Pensó en sus camaradas. La precaria formación azul había resistido las arremetidas del enemigo y había vencido. Su amargura aumentó. Al parecer, le habían traicionado la ignorancia ciega y la estupidez de aquellas pequeñas piezas. Se había impuesto su falta de sensatez al mantener la posición, porque una reflexión inteligente les habría convencido de la imposibilidad de su empeño. Él, el hombre inteligente que ve más allá de la oscuridad, había huido gracias a su percepción superior y conocimiento. Sintió una cólera enorme hacia sus camaradas. Estaba convencido de que era posible probar que habían obrado como idiotas.
Qué dirían cuando luego él apareciese en el campamento. En su cabeza podía escuchar ya los gritos burlones. La densidad de ese clamor no les permitiría comprender su punto de vista, más agudo.
Empezó a compadecerse de sí mismo. Le habían maltratado. El férreo pie de la injusticia le había pisoteado. Había procedido sabiamente, siguiendo los motivos más justos bajo el azul del cielo, para verse traicionado finalmente por las odiosas circunstancias.